Bienvenidos

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Rosigerante/05

octubre 16, 2009

Hace 155 años...

en Dublín, en el número 21 de Westland Row,
nacía Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde.

Oscar es un antiguo nombre que se halla en el folklore céltico.
Fingal, padre de Ossian, el fabuloso monárca y bardo escocés del siglo III, simboliza la leyenda contra el invasor romano,
O'Flahertie, en cambio, es el primer historiador de Irlanda, que compuso en la segunda mitad del siglo XVIII una relación exacta de los primeros acontecimientos irlandeses.
El apellido Wills recuerda una antigua familia escocesa;
sin embargo, los Wilde eran de origen inglés.

Aquí, un breve artículo de su autoría, sobre su visión de la lectura:

Hay que leer o no leer

Los libros pueden ser muy cómodamente divididos en tres clases:

1a. Los libros que hay que leer, como las Cartas, de Cicerón; Suetonio; las Vidas de los pintores, de Vasari; la Autobiografía de Benvenuto Cellini; sir John Mandeville, Marco Polo, las Memorias de Saint-Simon, Mommsen y (hasta que tengamos otra mejor) la Historia de Grecia, por Grote.

2a. Los libros que hay que releer, como Platón y Keats en la esfera de la poesía, los maestros y no los artesanos en la esfera de la filosofía, los videntes y no los "sabios".

3a. Los libros que no hay que leer nunca, como las Estaciones, de Thomson; todos los Santos Padres, excepto San Agustín; todo John Stuart Mill, excepto el Ensayo sobre la libertad; todo el teatro de Voltaire, sin excepción alguna; la Inglaterra, de Hume; todos los libros de argumentación y todos aquellos en que se intenta probar algo.

La tercera clase es, con mucho, la más importante. Decir a la gente lo que debe leer es generalmente inútil o perjudicial, porque la apreciación de la literatura es cuestión de temperamento y no de enseñanza.

No existe ningún manual del aprendiz de Parnaso, y nada de lo que se puede aprender por medio de la enseñanza vale la pena aprenderse.

Pero decir a la gente lo que no debe leer es cosa muy distinta, y me atrevo a recomendar este tema a la Comisión del proyecto de ampliación universitaria.

Realmente, es una de las necesidades que se dejan sentir, sobre todo en este siglo en que vivimos, en un siglo en que se lee tanto, que ya no tiene uno tiempo de admirar, y en que se escribe tanto, que ya no tiene uno tiempo de pensar.

Quien escoja en el caos de nuestros modernos programas los Cien peores libros y publique la lista de ellos, hará un verdadero y eterno favor a las generaciones futuras.


Oscar Wilde. Obras completas.
Ed. Aguilar. México, 1991.
Págs. 1124 - 1125

Wilde señala un punto interesante, sobretodo, porque estamos acostumbrados a que nos enlisten las chorrocientasmil cosas que debemos hacer antes de morir, para que nuestra vida tenga ¿contenido, sentido? No lo sé. La cosa es que quizá también sería útil platicarnos por qué no vale la pena perder el tiempo en otras chorrocientasmil cosas y, si no, por lo menos sería más interesante y divertido discutilo.

Por ejemplo yo, haciendo a un lado los títulos obvios sobre superación personal, probablemente les recomendaría no perder su tiempo leyendo: a Elena Poniatowska.
Les cuento por qué a cambio de otra recomendación ;)

octubre 11, 2009

¿El porvenir desde el devenir?

Beto y yo pasamos mucho tiempo discutiendo cualquier clase de cosas. Nos gusta y, generalmente, es como una guerrita en la que uno de los dos debe ser honesto y aceptar que los argumentos del otro aniquilaron los propios.

Esta vez, me tocó a mi darle la razón. El tema era si las circunstancias "hacen" a los individuos y por tanto, los justifican, es decir, si el contexto explica la manera de actuar de cada ser humano.

Aquí su postura, a ver qué les parece:

¿Que qué lógica puede caber en los actos de un ser tan inestable como el humano? Pues volvemos a lo mismo: contoda la inestabilidad que se quiera, el hombre posee características -metafísicas, sí, pero no por ello inexistentes- de las que no se puede desprender aunque lo desee, y que son invariables en todos los individuos. Por ejemplo, los instintos: de supervivencia, de reproducción, de dominación; o los sentimientos (en el sentido menos romántico de la palabra, por favor): ira, soberbia, nobleza, etcétera. Son elementos que han caracterizado siempre al hombre y, aunque de tan comunes pasan a veces inadvertidos, son determinantes para que todas las personas actuemos en esencia igual. No hay gran distancia entre la esclavitud practicada por los egipcios de la antigüedad y la imperante de hecho en el México rural de principios del siglo XX. ¿Algo cambia de guerra en guerra además del armamento? No es un discurso moralista ni nada por el estilo. No condeno aquí ninguna práctica humana (después de todo, sostengo que todos hacemos más o menos lo mismo), sólo quiero ilustrar mis premisas. ¿Habrán sido muy distintos los conquistadores españoles a los conquistadores mexicas, ambos sobre el mismo suelo, aunque en distinta época? ¿Por qué hablar de inconstancia en el ser humano, de inestabilidad, de impredictibilidad si, a lo largo de la historia, el hombre ha demostrado justamente su nula capacidad de transformarse, de variar? Y no es su culpa: pídanle a un conejo que deje de roer y empiece a masticar, a ver si los obedece. Ninguna criatura puede renunciar a su naturaleza, y de ello debería sacarse una ventaja mayor, en lo concerniente al estudio de la historia del ser humano.

Roberto A. Mackenzie
Octubre de 2009


octubre 09, 2009

Relámpago II

(del I hablaremos dentro de muchos,
pero muchos meses)


EJM desapareció un día, por la tarde, yo diría, y tan bruscamente como apareció -tal como se supone que hacen los relámpagos-. Ambos sabíamos que lo nuestro quería suceder y que sólo por eso tenía anunciada su caducidad, que más tardaría en comenzar que en terminar.

Yo no hablé mucho sobre mi, ni creo que él, EN REALIDAD, lo haya hecho de sí. Y aún así, platicábamos más de lo que nos besábamos. Y aún así, todo sucedió por culpa de los besos y no por las palabras.

¡Aaaah, sí! Creo que fue la tercera vez que se atrevió a besarme, aquel día, cuando abrí los ojos y me asusté. En primer lugar, porque me quedó claro que él no dejaría de hacerlo hasta que pronunciaramos el "buenas noches" definitivo; en segundo, porque besos como esos ¡...pueden dejarme atolondrada por semanas!; y, en tercero, porque verlo a milímetros me hizo evocar una fuerte figura de protección y cariño en la que hacía mucho no pensaba:

cuando nos separamos, observé detenidamente
su barba,
sus ojos,
sus anteojos,
pasé la palma de mi mano por su cabello.

Quizá me sentía tan segura porque, como dije,
esos lentes,
ésa barba
y ése cabello
me recordaron mucho a aquel otro hombre que tampoco tuve tiempo de conocer:

papá.

O no.
Tal vez sólo era la certeza de que pronto todo terminaría
y no habría necesidad de peleas, decepciones y demás.

O no.


Como sea, a veces, esta sensación de que algo está incompleto o "no cuadra", me hace pensar que hubiera sido mejor tener, al menos, una despedida: corta, triste, amarga, fingida, cansada, ¡qué importa! Muchas otras veces pienso que fue mejor esta abrupta separación, así: sin palabritas o silencios-sabor-resignación de por medio. Pero la mayor parte del tiempo, vivo convencida de que aquellas semanas no fueron más que un simple

"¡adiós, fue un gusto conocerte!".


Como el mar es esta vida y como un barco el corazón
Pate de Fua - Sin razón ni despedida (mp3)

octubre 01, 2009

Del buen escritor y el lenguaje

Yo ya no podía aceptar el diccionario, ni aceptar la gramática. Empecé a descubrir que la palabra corresponde por definición al pasado, es una cosa ya hecha que nosotros tenemos que utilizar para contar cosas y vivir que todavía no están hechas, que se están haciendo, el lenguaje no siempre es adecuado. Desde luego, eso es un poco la definición del escritor, en todo caso, del buen escritor. El buen escritor es ese hombre que modifica parcialmente un lenguaje. Es el caso de Joyce modificando una cierta manera de escribir el idioma inglés. Y los poetas, en general los poetas más que los prosistas, introducen toda clase de transgresiones que hacen palidecer a los gramáticos y que luego son aceptadas y que entran en los diccionarios y entran en las gramáticas.

Julio Cortázar AQUÍ.

septiembre 29, 2009

YoTube

Me choca hablar de "el ingenio del mexicano", así que, sin más ni más, publico esta foto.
La tomé mientras pajareaba en el pesado tránsito de hace unos meses

(cuando, como dijo Poli,
"el GDF andaba de topo por toda la ciudad").


septiembre 24, 2009

Jon Brion

Altísimo músico estadounidense, conocido por mi gracias a sus colaboraciones (como productor) en el "When de pawn..." y en el "Extraordinary machine" de Fiona Apple, y a la composición del soundtrack de "Eternal Sunshine of the Spotless mind"





Hace unos días, hurgando en mi biblioteca musical descubrí que es también responsable de "Little person", bella pieza musical incluida en la banda sonora de "Synecdoche, New York"

(por cierto, esta película será proyectada proximamente en la cineteca,
por si tampoco alcanzaron a verla en Cinemex)



I'm just a little person,
one person in a sea of many little people
who are not aware of me.
I do my little job, and live my little life,
eat my little meals, miss my little kid and wife.


La semana pasada, EJM y yo comíamos una hamburguesa y, en uno de esos arranques que le dan -en los que deja de hablar de sí mismo-, me preguntó por la Soledad. Divagué: sentirse fuera de lugar, abandonado... Pero, quizá su peor cara, sea la tranquilidad sin compartir "no sé si me explico o si sí esté hablando de Soledad: me refiero a cuando la calma, la tranquilidad, la alegría de estar haciendo lo que se quiere es demasiada para quedársela uno solo..."




...somewhere,maybe someday
maybe somewhere far away
I'll meet a second little person
and we'll go out and play.


Sueños I: Lo absurdo

Cuando el sueño se ocupa con una tarea de la existencia, la soluciona en una forma que corresponde a un deseo irracional y no de acuerdo con la reflexión sensata. Al sueño no puede atribuírsele más que un propósito útil, una sola función: la de evitar la interrupción del dormir. El sueño puede ser calificado como un trozo de fantasía puesto al servicio de la conservación del reposo.


***

Despierto en mi recámara, me siento en el borde de la cama. Todo está blanco, lleno de polvos. ¡Es talco! Sí, talco en el piso y en el aire. Mis pies se hunden en él. Frescura y
SORPRESA. Abro los ojos de verdad.

*

Estoy afuera de una cabaña con cara de rancho (la cabaña, no yo) en un bosque. Aunque hay un río cerca, mi prima, unos señores y yo, preferímos ir a pescar a la presa que está unos veinte metros adelante. Dicha "presa" no tiene agua: es sólo un gran hoyo de tierra húmeda. Descalzos, nos metemos y lanzamos las cañas (??). Latas de atún a medio abrir pican el anzuelo. Llevamos las latas a la cabaña para limpiarlas en la cocina; tomo una y mi mirada se cruza con el ojo del pez que está adentro. Él me mira triste y asustado.

***


Por otra parte, de nada serviría que alguien se propusiera deliberadamente interpretar sueños fuera del análisis, pues tampoco así lograría escapar a las condiciones de la situación analítica; y si se dedicara a elaborar sus propios sueños, no haría sino emprender su propio autoanálisis. Esta limitación no rige para quien renuncie a la colaboración del soñante, pretendiendo alcanzar la interpretación de los sueños mediante su captación intuitiva. Pero semejante interpretación onírica que prescinde de las asociaciones del soñante, aún en el mejor de los casos, no pasa de ser un virtuosismo anticientífico cuyo valor es muy dudoso.


Freud. Obras completas
Vol. 16: Ensayos CXLV - CLII

Inhibición, síntoma y angustia /Análisis profano y otros ensayos.
Cáp. CXLVIII: Los límites de la interpretabilidad de los sueños (1925).
Ed. Hyspamerica. Argentina, 1993.

Págs. 2890 - 2891

septiembre 21, 2009

De la interminable historia de la fragilidad del amor de la memoria del recuerdo de la luz.

Suena una música que nadie
sabe de dónde viene, vemos lugares que no existen, escuchamos
palabras que tienen el poder de abrir las piedras. En los cuentos, los niños
hablan con los animales, y el amor transforma a la persona que
amamos en un mensajero, aunque haya olvidado qué tiene que decirnos
e ignore la misión que tiene que cumplir. Ser hombres es ser portador
de algo que no sabemos lo que es, llevar una pequeña llama. Y el
amor es recibir a los mensajeros: la casa de la memoria. Les cobijamos
en ella para que sus llamas nos alumbren. Eso es recordar, encontrar
una luz. Esas llamas coronan las cosas, marcan el instante de la visión,
de la fragilidad. Lo frágil es lo que se ofrece, lo que tiene su propia luz.




Elogio de la fragilidad. Gustavo Martín Garzo.
Texto completo, formato PDF aquí.

en esta revoltosa madrugada...

Solía llamarte en mis noches sin sueño, pues tú eras la causa de mis desvelos. También me gustaba hablarte mientras manejaba, pues sabía que, irremediablemente, mi destino sería tus brazos.

Ya tiene tiempo que las razones y motivaciones se desvanecieron y que terminaron de malgastarse las justificaciones

y yo, sigo sin sueño
y yo, piso el acelerador sin pensar en la dirección.

No sé por qué no duermo, ni tengo claro hacia dónde me conduzco, no me urge averiguarlo. Me intriga pero no me importa. De cualquier forma, sé que ya no quiero, ni puedo abandonar este camino,

a pesar de las ojeras.

septiembre 18, 2009

Simulacro

Ahora trabajo en un séptimo piso y tengo una vista espléndida, pero también tengo un miedo tremendo a que me agarre un temblor allí, sobretodo después del macrosimulacro de hoy.





Bajamos por las escaleras de emergencia. ¡Tardamos entre quince y veinte minutos en llegar al camellón más cercano, que dizque es el lugar más seguro!

He estado pensando, si llegara a temblar puedo a) subir a la azotea (son doce pisos), aunque vaya en contraflujo y cueste más subir que bajar o b) aventarme por el ventanal, previa compra de paracaídas, claro.

Ya en serio, ojalá no suceda, porque si así fuera, me daría un ataque de desesperación extrema. Sí, ya me vi.

septiembre 10, 2009

El joven Minero II

... o "De amar en el exilio".

No le llamé, me di una vuelta por messenger en la semana (de esas cosas que hago cuando ya de plano nada consuela el aburrimiento) y allí nos pusimos de acuerdo. Nos vimos cerca de la oficina. Fuimos al centro.

Platicamos varias horas y consumimos algunos litros de cerveza. No sé cómo llegamos al punto, sólo sé que durante las últimas dos horas me sentí TAN incompetente, TAN sin palabras y TAN triste...
justo como hace algunos muchos años.

No vengo a repetir todo lo que dijo aquellas dos últimas horas, porque eso es sólo mío, vengo a describir el shock que provocó con la ola de cariño con la que de repente me abrazó.

Yo sabía que él sentía algo por mi, pero no imaginaba qué ni con cuánta intensidad. Sólo una vez, en todos estos años lo había mencionado, y ni en ésta, ni en aquella ocasión lo vi venir. Triste es que, en este presente mío -y quizá también en aquel pasado-, no haya manera de (co) responder - le. También es una lástima que las cosas lleguen a destiempo.

No podría ser de otro modo: generalmente, sucede.

Creo que lo que más me impresionó es que me lo contaba con la resignación de quien ha aprendido a vivir con eso, con la seguridad de quien sabe que nada lo hará cambiar, con la paciencia de quien construye sus argumentos para que no haya modo de derrumbarlos, con la tranquilidad del mero placer de no callarse un minuto más.

Cuando salímos del lugar, me ofreció su brazo, lo tomé; después, prefirió llevarme de la mano. Caminamos en silencio, fumamos del mismo cigarro

-Rosalba, ¿crees que haya oportunidad de que esto sea real?
-Pues yo no... ¡No lo sé!

(puc, me mató)

No insiste, no pide, no incomoda, ni intimida: espera.
Yo no puedo, ni debo moverme, lo sé por experiencia: así que también espero.

No se va en febrero, sino el próximo octubre, algún proyecto de nanotecnología o mecatrónica comienza pronto. Y no se desaparece tres, sino cinco años... De verdad me alegra, no que se vaya, sino que le vaya bien. Lo único que sucede es que no dejo de pensar en las películas y personajes de Won Kar.



¡¡El amor así no debería existir!!
Y también lo digo por mi.


septiembre 06, 2009

Vals con Bashir





Esta interesante película hebrea, que versa sobre la guerra del Líbano durante los ochenta (iba a decir "y sus horrores", pero sería una reduntante frase hecha), la reconstrucción de la memoria y los sueños como herramienta de la misma, me recordó ::

a) ciertas fotografías, de verdad, impresionantes, en todo sentido, que encontré hace unos meses en un blog sobre historia

...precisamente, creo que fue durante la época que me la viví paseando por TODO el siglo XX,
de la mano de Hobswam y otros.


b) Además, reactivó algunas preguntas sobre la construción y mantenimiento de la memoria histórica (¿y/o memoria social?) que me vengo haciendo desde hace un tiempo. Seguro pronto empezaré a llenar este espacio con las más recientes cavilaciones y descubrimientos rosalbezcos sobre la memoria y el olvido

...por ejemplo, acabo de descubrir a un psicólogo ruso de los años treinta
que ya proponía una visión sociohistórica del estudio de la memoria.
Soy su fiel admiradora.

Lástima que murió tan joven
y que el oscurantismo stalinista sepultó por años los aportes de su propuesta.
Luego cuento el chisme completo.


c) También, hizo que me reclamara ése asunto de mis sueños. Me explico: por lo regular sueño mucho y recuerdo bastantes detalles al despertar y durante el resto del día. Me gusta, muchas veces me divierte y, cuando algo me impresiona o me saca mucho de onda, lo escribo; ya con el tiempo voy entendiéndo por qué soñé lo que soñé. PERO, en repetidas ocasiones sueño cosas que me lastiman de manera consciente, entonces me da la impresión de que no me basta con "sufrir" despierta. Otras veces, es como si inconscientemente me recordara situaciones que conscientemente sé que no vale la pena recordar.

Ajá, ahora que lo escribo parece tener toda la lógica del mundo,
pero a mi no deja de intrigarme.




Bueno, así las cosas por ahora.
Mmmm. Quizá sería prudente abordar cada inciso en una entrada distinta. Trataré de hacerlo.

Mientras tanto, búsquenla y véanla.
(Ah, para variar, el soundtrack es preciso, muy bueno: ¡pulgar arriba!)


Sitio oficial aquí

Dirección: Ari Folan
Guión: Ari Folman
Música: Max Richter
Israel, 2008


septiembre 03, 2009

Para Reptilio

En agradecimiento a esta entrada.

No es pogo, pero es sexo
y de lo más divertido




¡YBP!

agosto 30, 2009

Nada

El cero, "0", es el origen del signo. Pero cero no es nada. O mejor dicho, es precisamente nada, la Nada. El concepto del cero no es del occidente. Es del pensamiento hindú, y luego del budismo. La Nada ("Nothingness"), o mejor, el vacío ("Emptiness"), es la vaciedad de todo, incluso de la misma palabra "vaciedad". Es la Nada en el sentido absoluto de la palabra -aunque decir "palabra" es decir lo que la Nada 'no es', porque no es nada.


La abducción de C. S. Peirce: significado, vaguedad y generalidad.
Floyd Merrrel, Pardue University.

De la compilación "Lenguaje, significado y psicología".
Editado por Pablo Fernández Christlieb y Zuraya Monroy Nasr.
Facultad de Psicología, UNAM. 2007.
Pág. 7

Y, entonces, podría ser El Nada o Lo Nada. Me inclino más por el uso del artículo indefinido, pero suena a que implicaría una contradicción semántica, sin que ello signifique la pérdida de congruencia gramatical, ya que a algo que 'es' lo que 'no-es' no se le puede adjudicar género alguno.


Probablemente, ahora sí me pasé de la raya.

agosto 29, 2009

El joven Minero

Tenía entendido que se había ido a Italia, Diana y Beto se lo encontraron un día antes de su viaje y me pasaron el recado

-...que te ha estado tratando de localizar, que por favor te comuniques con él. Y no seas mala onda ¡¡se va a ir tres años!!
-Ajáaaa...

Pero no le llamé.

He estado tratando de recordar cuándo fue la última vez que lo vi. Creo que un día que, finalmente, lo llevé a la facultad y conoció a Héctor, a Poli, a JuanJob y ¡a mi!

Yo no sé por qué se empeñaba en pensar cosas de mi que no eran
¡meh!

A él lo conocí ¡fuuuf! en la primaria: fue el primer muchacho que me quitó el sueño (bueno, tanto como se le puede quitar a una niña noñísima, de unos 11 ó 12 años). Me parece que Cintia lo padeció más que yo...

por cierto, ¿alguien sabe algo de ella?
La última vez que la vi, estudiaba Filos y Psicología,
tenía un novio callado pero simpático y MUY comprensivo,
se había mudado a unos pasos de su casa y traía el cabello larguísimo


El caso es que nunca anduve con él porque, según dijo, la única novia que había tenido se había muerto. De atropellamiento, creo. Sí, un día, como quien no quiere la cosa, me dijo eso y que no quería que me pasara nada por andar con él, pero que me quería mucho.

Hombre precavido, vale por dos

Ya, luego entramos a la secundaria y cada quien su vida. Fue hasta mi cumpleaños 16 que se me volvió a aparecer: llegó a mi casa con un par de sobres y una cajita de porcelana, muy bonita ella, con un anillo adentro. Los sobres traían cartas y las cartas decían que él sabía que yo lo seguía queriendo y que siempre lo iba a querer y ¡bueh! que Romeo y Julieta se quedaban cortos.

Me asustó. Lógico. Además, yo en ese momento andaba preocupada por otro tipo de cosas
(nunca he entendido por qué creía que yo seguía "enamorada" de él).
Lo único que pude hacer fue

*sonrisa amable* - "sale, muchas gracias, eh. nos vemos. bye" - chuc chuc, cerré la puerta.

Vivimos muy cerca, así que me lo encontré varias veces después de aquél episodio. En alguna ocasión, terminé en su casa, platicando animadamente con uno de sus amigos, sobre bossa nova; otros días, pasamos horas en la banqueta, escuchando las anécdotas de CarlosRaúl (él fue mi compañero de banca los dos últimos años de primaria, nos hacíamos la vida de cuadritos); y, varias veces, coincidimos a la hora de ir a la escuela, primero me acompañaba sólo a la estación del metro más cercana, luego, al transborde, después a la terminal y, finalmente, un día, me acompañó hasta la facultad.

Debo reconocer que, aunque no manteníamos conversaciones forzadas, sí me costaba trabajo la plática, sobretodo porque él solía tomar todo muy en serio, a veces se preocupaba de más por un comentario y le daba por llamarme diario, hasta asegurarse de que todo marchara mejor. Es, tal vez, un poco sobreprotector. O quizá sí me quería mucho.

Como sea, ése era uno de los gestos que puede empezar enterneciéndome,
luego me desespera y termina irritándome terriblemente.


La semana pasada me encontré a sus papás y platicamos un rato, sobretodo de él. Al parecer piensa hacer la doble titulación y la especialización en Italia. Su semestre comienza en marzo, así que regresó unos meses. Les pedí su número. Tengo la intención de llamarle y recitarle mis buenos deseos, ahora mismo. Sólo que ¡no sé qué me detiene!


agosto 28, 2009

Natalia 'La Forquetina'

No soy prejuiciosa con la música, aunque no por eso pienso que todo es arte y poesía -y, acá entre nos, sólo soy prejuiciosa con el tipo de gente que prefiere gastar su dinero en comprar un boleto para ver a Arjona en vivo-. Hay muchas cosas que escucho sólo por diversión o para animarme, para tristear, para pensar (divagar), para emborracharme, para escribir, para trabajar, para blah blah blah. Estoy convencida de que no todo vale la pena, ni debe tomarse EN SERIO.

No niego, ni escondo mis gustos musicales :: me laten las ochentosas y noventosas de LuisMi, Lucerito, Laureano Brizuela, Flans, etcétera (me recuerdan mi infancia) y un montón de ritmos más (tienen libre acceso a mi lastefem) . Hoy aprovecho que Natalia Lafourcade está de moda para hablar de su música y ...de mi, como sieeeeeempre.

Bien. Una de las cosas que más me gusta hacer al escuchar una canción es seguir cada una de las pistas de voz, una tras otra o, mejor dicho, una sobre otra; ya luego, identificar las campanitas, el tamborazo, el bajeo. Las canciones de Natalia tienen muchos coros y muchas voces y esa es una de las razones por las que disfruto tanto escucharla. Además, me gusta bastante su voz (¡la hace como quiere!) y pienso que sus piezas son armónicas, bonitas, dinámicas; generalmente, me ponen de buenas, aunque hay ciertas excepciones que me provocan pena ajena.

La pena ajena es culpa de sus letras. La mayor parte de la música que escucho tiene letra, valoro mucho esa parte de la canción. Ahora, las letras de Lafourcade pueden parecer profundas, cursis, atrevidas, medio locas, pero la verdad es que son simples, tontas y a veces hasta pretensiosas, en algunas ocasiones logran decir algo, pero no son muy buenas que digamos.

Pienso ahora mismo en Cerati, por ejemplo, que me gusta tanto.
Con él sucede algo extraño, si uno se concentra en la letra se puede llevar un chasco,
sin embargo, como que la combinación de la letra y los instrumentos,
logra transmitir estados de ánimo.


Luego hablo de él.

Hace poquito, antes de que escuchara los primeros sencillos del nuevo disco de Natalia Laforucade, pintando el muro de la recámara, me puse a bailar el cd anterior: "Casa". Tenía ya un rato que no lo escuchaba. Me trajo el aroma del calor y los recuerdos del último viaje a la playa. Tal vez también por eso me gusta. ¡Ah! Por aquel tiempo, también me acababa de comprar el "Super extra gravity" de The Cardigans y me acuerdo que toooodo el viaje me la pasé escuchándolos hasta en sueños, sólo esos dos.

Luego, me pregunto ::
Alejandro, ¿aún tienes mi disco de Natalia, el primero?

Me gustaría escucharlo de nuevo. Quiero saber qué me va a recordar y si podré bailarlo.
Por ahora sólo les recomiendo que no sean tan prejuiciosos, Lafourcade es pop, sí, está bonita, sí, es dulce, también, pero no es tan mala (musicalmente) como les dicen. Crédito merece alguien que ha estudiado EN SERIO música, pienso yo.


agosto 26, 2009

Mi tío

Ayer fue la primera vez que lo noté impotente.

A él, (y aquí viene la oda) que me enseñó lo que es tener poder y el daño que provoca,
a él, que me explicaba cómo funciona el (su) mundo, en cada sobremesa,
a él, que conoce tantos y tantos secretos y que posee una inteligencia admirable,
a él, que sin saber, me ha revelado todo lo que no quiero ser y algo de lo que sí quiero,
a él, que de todo se entera y que sabe tanto,
a él, que pretende controlar todo...

Estaba allí, sentado en una tonta silla de hospital, dentro de una pijama azul-hospital, delgado y cansado, como los pacientes de los hospitales. Fui a besarle las mejillas y a abrazarlo, con el repentino temor de lastimarle, a decirle "te quiero mucho", a platicar banalidades propias de los tres minutos que tenía para hablarle.

Desde que Pavel me llamó, hace cinco días, para avisarme y desahogarse, no me he dado tiempo de salir del shock, mi tío es de esas personas que uno piensa que siempre estarán porque siempre han estado y, generalmente, han estado bien. Salí recordando varios episodios de mi vida en los que ha estado MUY presente, particularmente dos:

>> aquella tarde en su oficina, cuando me hablo de lo mucho que le costaba, a veces, manejar sus emociones, cuando me aconsejó buscar ayuda y me ofreció la suya :: me dijo "Rosalba, soy yo, dime qué te pasa", con una mirada sincera, difícil de olvidar

... fue la primera vez que lo vi realmente preocupado por mi
y me entraron tremendas ganas de llorar, pero me contuve. <<

>>Ése piiiiiiinche sueño, revelador, supongo, más ahora que antes, también supongo. <<

Muchos creen que él representa la figura paterna en mi vida. No lo sé. Quizá. De un par de años a la fecha he luchado por alejarme de su mirada inquisidora y su juicio conveneciero, de su mal humor y sus obsesiones desquiciantes; pero, por muchas razones (principalmente mi profundo amor y agradecimiento hacia Pachita y Pavel) no he podido hacerlo
y ya no sé si quiero.

Me siento contrariada. Me estoy dando cuenta de que
a) lo quiero más de lo que he creído (hemos pasado muchas cosas buenas también, y le debo mucho) y
b) las pocas personas que realmente he odiado y que me han hecho llorar de coraje, son las que más necesito(?)
y quiero.



agosto 19, 2009

Reprise




Historias de juventud, en Oslo,
donde toda la vida parece estar por delante,

[constantemente]

pero donde las cosas no siempre salen como se espera:
se atraviesan la locura, el éxito, el estancamiento, el amor, el miedo...


Director: Joachim Trier.
País: Noruega, 2006.
Guión: Joachim Trier y Eskil Vogt.
Música: Ola Fløttum y Knut Schreiner.
Edición: Olivier Bugge Coutté.
Duración: 105 mins.


Un aplauso para la fotografía y otro para el soundtrack.





agosto 17, 2009

Miénteme

¡Pos total!

miénteme, dime lo que quiero oír
derríteme los tímpanos, inventa para mi.

con tu jerga envolvente,
con tu lengua pegajosa,
hazme sentir que vuelan
en mi estómago mariposas.

engáñame, haz todas las patrañas
ne-ce-sa-rias para hacerme creer
que estás a mi merced.

con tus manos tan diestras
bajas pasiones engendras.
hazme olvidar las penas
las angustias, los dilemas

¡hazme feliz!

hazme sentir que vuelan
en mi estómago mariposas.

miénteme: dime lo que quiero oír.

sé que lo mismo le dices a todas
deshoja mis pétalos con tu boca
fugaz instante eterno a fuego lento.


Aterciopelados - Miénteme

agosto 15, 2009

La vie

Si se considera la vida bajo el aspecto de su valor objetivo, es dudoso que sea preferible a la nada. Hasta diré que si se pudieran dejar oír la experiencia y la reflexión, alzarían su voz en favor de la nada. Si se golpease en las losas de los sepulcros para preguntar a los muertos si quieren resucitar, moverían negativamente la cabeza. Tal es también la opinión de Sócrates en la apología de Platón. Y hasta el simpático Voltaire no puede menos que decir "gusta la vida, pero la nada no deja de tener algo bueno" y añade: "no se qué es la vida eterna, pero esta vida es una broma pesada".

El amor, las mujeres y la muerte. Arthur Schopenhauer.
Ed. Coyoacán. México, 2003. Pág. 97.

Sí, nomás que "el valor objetivo de la vida" es una mentira. En realidad, el valor de la vida es, esencialmente, subjetivo. Aunque, no por ello, la vida deja de parecer una broma de mal gusto.


agosto 14, 2009

Te quiero a las diez de la mañana

Para ti, por lo mucho que te quiero y que te odio,
guapura.


Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

Jaime Sabines

agosto 13, 2009

El mal fotógrafo

Recuerdo a mi padre alejarse del grupo donde se servía limonada. En las playas o los jardines, siempre tenía algún motivo para apartarse de nosotros, como si los niños causáramos insolación y tuviese que buscar sombra en otra parte.

Puedo ver su cara recortada en el quicio de una puerta, fumando con desgano, con la rutina parda del adicto que hace mucho dejó de disfrutar el vicio. Nunca se quitaba la corbata. Para él las vacaciones eran el momento en que se manchaba la corbata y no le importaba. Sólo se ponía otra al volver al trabajo.

Supongo que nunca se adaptó a nosotros. Nos tomaba en cuenta con la calmosa dedicación con que alguien deja caer gotas azules en un acuario.

También el verdadero sol lo molestaba. Le sacaba pecas en los antebrazos, cubiertos de vellos rojizos. No era un hombre de intemperie. Lo único que disfrutaba de las vacaciones era el trayecto, las muchas horas a bordo del coche. Entonces cantaba una canción sobre un caballo de carreras. Aunque el caballo perdía siempre, su voz sonaba feliz y libre. Una voz hecha para el camino.

Distanciarse estaba en su carácter. Nunca lo vimos tomar una fotografía, pero las fotos que encontramos muchos años después deben ser suyas. Estuvo suficientemente cerca y suficientemente lejos de nosotros para retratarnos. Lo imagino con una de esas cámaras que se colgaban del hombro y tenían estuche de cuero.

Las fotos recogen jardines olvidados y casas donde tal vez dormimos una noche, en camino a otra parte. Entonces éramos más rubios, más blancos, más antiguos. Una época pálida, antes de que la fotografía a color se volviera enfática. A mi padre le iban bien esos tonos indecisos, donde un coche azul parecía más gris de lo que era.

Nadie guardó las fotos en un álbum, tal vez porque eran malas, tal vez porque pertenecían a una época que se volvió complicado recordar.

En las tomas aparecen objetos que sólo a mi padre le hubiera interesado retratar. Las bancas, los postes de luz, los tejados, los coches –sobre todo los coches- sobreviven mejor que nosotros. Ciertas fotos oblicuas o movidas parecen tomadas desde un auto en movimiento.

El dato final y decisivo para asociarlas con mi padre es que después no hubo otras. Una tarde subió a su Studebacker y no volvimos a saber de él.

Las fotografías aparecieron en un desván, dentro de una maleta con correas, estampada con nombres de hoteles a los que no fuimos nosotros. Supongo que las dejó ahí para que lo conociéramos de otro modo, para que supiéramos lo mal fotógrafo que había sido, cuán frágil era su pulso, la falta de concentración que determinaba su mirada. Un detective a sueldo hubiera hecho mejor trabajo.

¿Es posible que el autor de las fotografías sea otro? No lo creo. La torpeza, el desapego, la atención vacilante son una firma clara.

De mi padre sabemos lo peor: huyó; fuimos la molestia que quiso evitarse. Las fotos confirman su dificultad para vernos. Curiosamente, también muestran que lo intentó. Con la obstinación del mediocre, reiteró su fracaso sin que eso llegara a ser dramático. Nunca supimos que sufriera. Ni siquiera supimos que fotografiaba.

Hubo un tiempo en que vivimos con un fotógrafo invisible. Nos espiaba sin que ganáramos color. Que alguien incapaz de enfocar nos mirara así, revela un esfuerzo peculiar, una forma secreta del tesón. Mi padre buscaba algo extraviado o que nunca estuvo ahí. No dio con su objetivo, pero no dejó de recargar la cámara. Sus ojos, que no estaban hechos para vernos, querían vernos.

Las fotos, desastrosas, inservibles, fueron tomadas por un inepto que insistía.

Una tarde subió al Studebacker. Supongo que cantó su canción del caballo, una y otra vez, hasta que en un recodo solitario ganó, al fin, una carrera.


[vía: Sitio Oficial de Juan Villoro]


Este texto de Villoro me recuerda dos cosas ::

a) una reseña perdida que tengo sobre un libro de él que me gustó mucho, por cómo está escrito y que buscaré para publicarlo acá, a su pesar y el mío, y
b) que hace poco me fui a echar a la cama de Ce (como ahora dice que se dice) para ver unos viejos videos que ella grabó antes de que a su cámara se le descompusiera la pila o quiensa'qué.

Lo de los videos fue muy divertido. Hay veces que no puedo creer que me haya atrevido a decir tanta tontería junta, ni entiendo a qué hora perdimos el pudor. Pero allí están todos esos buenos (y bochornosos) momentos en movimiento, que no permiten hacerse la olvidadiza o negar cosas. Allí está el detrás de cámaras de nuestro patético cortometraje (al que, aunque diga que es patético -porque lo es- le tengo mucho cariño), un cumpleaños sorpresa en mi casa con Lore, Beto, Ivan y ella, la primera vez que fumamos mota (y la segunda o tercera), una extraña reunión en casa de Lore con Omar, René, ella y yo, mis solitarios berrinches borracha (porque me dejaron beber, bailar, saltar en la cama, manchar de vino el colchón, llorar y quejarme SOLA, las malosas), atardeceres eternos en la facultad esperando a Héctor, horrendas presentaciones de "artes escénicas" en la fac, madrugadas en vela jugando con colores y gestos, berridos melódicos, entrevistas a Beto, chismes, viajes en metro y
¡...ya me entendieron! Sí, bueno, todas esas cosas,
sin pretensiones estéticas ni de ninguna otra clase,
por el puro placer de vernos, supongo.


Los videos se han vuelto a guardar y quizá dentro de mucho tiempo los veremos de nuevo y trataremos de reconocer a esas dos muchachitas que se divertían de lo lindo y de lo feo a la menor provocación. Tal vez nos servirán para entender, reconocer o recordarnos.