abril 05, 2015

Cinco de abril

De 1991: Hacia la noche, falleció mi papá de un ataque respiratorio. Beto y yo estábamos en casa de mi abuela desde unos días antes; se suponía que mamá nos iba a alcanzar, pero no sucedió... Al siguiente domingo, mientras pensaba en que a mi papá le tocaba venir por nosotros y me amarraba las agujetas, mamá nos llamó a la sala y, muy seria, suspiró antes de tratar de explicarnos por qué mi papá ya no podría ir ni ese, ni ningún otro fin de semana.

Muchos años olvidé la fecha, o preferí no recordarla. Con el tiempo, acumulé los recuerdos de los demás: primero, el de mi abuelo, cuando Ángeles le avisó a mi abuela que había pasado algo, en lugar de llamar a la ambulancia; el de mi tía, cuando llamó su otro hermano (él se convenció de que no había escuchado mal, no se trataba de su madre, sino de mi papá, hasta que llegó al DF); el de esa noche en que mamá decidió no ir al sepelio. Ya en la prepa, conocí a Eunice, quién resultó haber sido vecina de mi papá y pudo platicarme algunos detalles, ya borrosos en su memoria, sobre aquella noche.

A esta muerte le debo incesantes apariciones en el cuadro de honor de varias escuelas, muchos libros leídos y mucha música consentida. También algunos años enojada y muchas tardes de llanto después de subir de jugar con mi vecina, cuando llegaba su papá. Pero todo eso ya pasó, ya no le lloro, ni pienso mucho en lo que hubiera sido si él se hubiera quedado.

Ya no me quedan muchas personas para hablar sobre él y pienso que está bien. Sobre todo, pienso que está bien que no tuviéramos tiempo para albergar ningún tipo de rencor o enojo, jamás; que cada cinco de abril que yo regreso a él me bastan mis propios recuerdos para que estemos en paz y para sentirme agradecida con él por haber sido su hija.

De 2014: Finalmente, me mandaron al hospital, de urgencia, para la primera de tres operaciones. Los doctores me explicaban qué y cómo lo iban a hacer (en ese momento, no sabíamos de las otras dos intervenciones). A mi me daba igual: si me hubieran dicho que necesitaban quitarme la cabeza, no me habría importado. Yo sólo quería que ya terminara todo. Héctor y Paola se turnaban para entrar a darme ánimos, aunque ya adentro se invertían los papeles y yo sentía que me deshacía de cariño. Sólo cuando Beto entró, pude hablar de otra cosa.

A principios de ese año, me había propuesto ser más paciente con la gente y con la vida. Una semana antes, bailaba y cantaba con mis amigos en un concierto. A partir de ese cinco de abril, tuve que poner mi mentado propósito en práctica, sin concesiones; sólo que, contrario al plan, tenía que aprender a ser paciente conmigo, con mi cuerpo, mis planes y mi recuperación.

Durante el traslado al hospital, reparé en la fecha y no supe si sentí alivio o preocupación. Por un pelito por fin alcanzo a mi papá... 

Pero paciencia.

diciembre 25, 2014

I'd have you anytime



All I have is yours
All you see is mine
And I'm glad to hold you in my arms

diciembre 24, 2014

Breves sobre The Beatles.

1. En Boyhood, Linklater recrea un pasaje de la vida real de Ethan Hawke: el regalo a su hija del "Álbum Negro", una compilación, en tres discos, de material de los Beatles post-Beatles. Según él, como una metáfora del divorcio y de cómo se puede estar en lo correcto e incorrecto al mismo tiempo. Pero la verdad es que este álbum es una romántica necedad: que los Beatles nunca se hubieran terminado.

“The Black Album” captures the members of the band at a more mature point in their lives — which strengthens Hawke’s divorce metaphor. "They were very young men in the Beatles," he says. "But in the solo stuff you hear them singing about marriage and children and getting sober, about letting the heat of celebrity pass and about adult versions of peace." 


"It's so hard for us to hold in our heads that ‘all things must pass,’" Hawke says, quoting the George Harrison song. "But maybe it's OK that it's over. What people loved about each other, and created together, isn't finished by the fact that they're unable to keep creating. The music they made together is still beautiful." E.Hawke.

2. A veces creo que lo tengo claro: Paul es mi favorito, por genial y prolífico, aunque me caiga taaaan mal. Luego me lo pienso mejor y creo que la mayoría de mis canciones consentidas de los Beatles son de Lennon: I'm only sleeping, I'm so tired, Norwegian wood, In my life, I'm the warlus, A day in the life, Come together, Girl...  Pero como solista creo que prefiero a Paul: Band on the run, todo el Wingspan y el Ram y el Flaming Pie y el Driving Rain y... ¡Pero el All things must pass es una maravillosidad! Pero es que Cold Turkey, Jealous Guy, Instant Karma, God, Starting over, WATCHING THE WHEELS... Todo el Lennon Legend. Pero Blue Jay Way, Something, Here comes the sun, For you blue, I, me, mine, Old Brown Shoe, I need you... En fin, ¡es complicadísimo para casi todos! Para muestra un botón: por años, Scared Goose Productions se dedicó a preguntar a quien se le pusiera enfrente cuál es su Beatle favorito: 


"After sifting through over 10 years’ worth of interviews, Scared Goose came up with this impressive piece of work: a 34-minute documentary that splices together the answers of 550 musicians, actors, and film directors. While it doesn’t exactly settle the issue — as if we ever really could — it’s an interesting watch nonetheless and features a who’s who of famous faces and pop culture icons." SPOILER ALERT: Los resultados NO sorprenden. 


3. El sábado pasado fui a la posada más aburrida de la historia de las posadas aburridas. Aunque fue divertidísimo reencontrarme con mis primos, aventarnos a todas la piñatas y repartirnos el botín (como toda la vida y como desde hace mucho no hacíamos), hay algo en el divorcio entre mis tíos y yo que ni la discografía de los Beatles durante su posada pudo salvar. Isn't it a pity? Now, isn't it a shame? How we break each other's hearts and cause each other pain, how we take each other's love, without thinking anymore, forgetting to give back, isn't it a pity?


Johana

Hace un par de días, Johana me volvió a escribir. Esta última vez, me dio más tristeza que nunca. No me duele que me odie, me duele que se haga esto. Mejor dicho, le duele a lo que queda en mi de la que alguna vez se hizo algo similar. 

Desde 2011, que supongo fue cuando conocí en persona a mi amigo, su esposo, C., me ha bombardeado con muchísimas letras, a veces de perdón, a veces para ofenderme, a veces para decirme que se va a suicidar, por los problemas que en su mente yo le he ocasionado. Al principio, traté de entenderla (como ya dije, yo también he vivido largos episodios de oscuridad... Bueno, no tan largos...), traté de responderle para encontrar alguna manera de ayudarla. Pero ni eso, ni mi silencio le han ayudado. Ni la terapia, ni su separación, ni sus amigos. Ni el infinito cariño que le tiene C. 

A veces, quisiera hablar con ella para contarle de todos mis defectos. También, para platicarle del año que pasé pensando en lo atractiva y adictiva que me parecía Alina. Decirle que era una idea mía, porque ahora sé que yo exageré. O hablarle del viaje de Iván a Guadalajara, cuando regresó a decirme que Adriana era perfecta y cómo ese fue el principio de nuestro irremediable final. O decirle que Joel nunca supo lo que quería y que la sencillez de Ana lo mantuvo deslumbrado, hasta que me fui.

Me gustaría decirle que por experiencia sé que sólo ella puede sacarse de ese abismo, que ha llegado demasiado lejos y que se está perdiendo de lo que sí importa... Eso, hacerle entender que está perdiendo el tiempo. ¿Pero por qué mis desgracias pasadas le ayudarían? ¿Por qué pienso que le haría feliz saber todo eso? (La respuesta a esto último sí está fácil, we're only human.) Y lo más importante, ¿yo qué vela tengo en el entierro?

Después de su último ataque, uno de mis perfiles púbicos me notificó que ella había husmeado en él. La quité de mi listado de bloqueados de FB para finalmente contestarle. No pude ser amable y no me enorgullece. Pero tuve que preguntarle, en primer lugar, si estaba borracha cuando me escribió todo eso y si no, ¿qué le da valor? No tenía la intención de dirigirle la palabra nunca jamás, pero ya son TRES AÑOS de esto y a mi, aunque primero me causa tristeza, termina por indignarme un poco que crea que puede venir a escupirme sus demonios, sin yo deberla, ni temerla...

Lo siento. 

octubre 24, 2014

Innocents



Ni siquiera lo he escuchado (bueno, ahora le doy play), el caso es que la portada ejemplifica perfecto cómo me he sentido últimamente. Desde hace un par de semanas que me hicieron preguntarme si lo que estoy haciendo me hace feliz, que porque si no, estoy muy a tiempo de darme la vuelta y buscar por otro lado.

Anoche Héctor me despertó en la madrugada y ya no pude volver a dormir. Ni siquiera cobijarme en su pecho. Oh, desolación. Así que tuve una larga ronda de preguntas sin respuesta, hasta que pude concentrarme para poner la mente en blanco. Ya había resuelto que sí me gusta lo que hago, que lo hago bien y que puedo/quiero hacerlo mejor. Y es cierto a medias: como todo en mi vida, me gusta algo de lo que hago, pero lo que no, lo odio muchísimo.

Por ejemplo, odio escucharlos todos los días e intentar ver la mejor de sus aristas. Es complicadísimo. ¿Realmente estoy luchando contra mi o es contra ellos? Qué tonta si estoy haciendo lo segundo, ya lo sé. Porque a mi qué carajos me interesan esos munditos llenos de ideas que no comparto. Lo que me interesa es aprender a sobrellevar todo eso que tanto me pesa. Porque no puedo huir. Porque ya ni siquiera me conviene, como tantas veces, antes.

So, let it go
Wake up, wake up, wake up
We're almost home


Mientras sea una lucha contra mi, para aprender a aguantar, para que no me afecte tanta insensatez, tanta indiferencia a la vida, tanta cabeza hueca, está bien, porque sé que eso lo voy a encontrar adentro o afuera. ¿Pero tratar de cambiar para ser funcional en esa atmósfera? Eso sí me pesa. Y ese es el meollo del asunto. 

Volveré con las respuestas en cuanto las tenga. Mientras tanto, 'Innocents' es un muy buen disco para tratar de escribir.

agosto 24, 2014

To my favourite book:

Hoy hace un año que comenzamos a construir nuestro imperio...

Gracias por recoger y guardar cada uno de los pedacitos de los que me voy despojando, para después mostrármelos. Gracias por hacerme mejor todas las mañanas y por ayudarme a cerrar los ojos con calma por las noches. Gracias por ser tú.

¡Gracias por la luz, por el calor y por tantérrimo amor, Héctor! 



Fue un primer año muy difícil. Apenas tuvimos tiempo de preocuparnos por lo que representaba esta nueva etapa de nuestras vidas. Las pérdidas, el hospital, la rehabilitación, todas las preguntas... ¡Espero que sigan años más tranquilos, oye!

Pero ahora que ya todo pasó, que lo peor se va quedando más y más lejos todos los días, me siento llena de gratitud por toda la paciencia, por todo el cariño con el que me alimentas a diario, por lo infinitamente fuerte que nos hace tenernos. Tengo también mucha admiración por quien eres, por cómo eres. Y mucho miedo a la muerte. Pero sobre todo, siento muchísimo respeto por lo que vamos logrando, por las batallas diarias que compartimos. 

Te amo muchísimo, Héctor.